El asco lo ha invadido todo. La gente está muriendo en su propio vómito y nadie sabe cómo poner fin a semejante pandemia.
Dos personajes elegidos al azar por sus grandes capacidades para opinar, se encuentran en un lugar indefinido, quizá sea la unión de dos conjuntos, allí donde la voluntad pierde fuerza y solo existe lo inevitable. Hay un cuadro y un botón y una opción y una decisión.
Entre la sinrazón y la opinión se pierden los dos. ¿Dónde estuvieron antes? En la inconsciencia. ¿Y qué se espera de ellos? La solución.
¿Por qué asco?
El mundo actual nos ofrece el acceso a todo a la velocidad de un click. Esto, a priori, se nos antojaba maravilloso; cuando teníamos que buscar términos en una enciclopedia pesada que guardaban nuestros padres en la estantería del salón, la perspectiva de acceder a lo mismo con el uso de un botón, era mágico. Pero las nuevas tecnologías han abierto la caja de Pandora de algo tan goloso como es la opinión.
La televisión y las redes sociales nos informan a base de opiniones de personajes de toda índole, y el ciudadano de a pie baila encima de una cuerda laxa y maleable. Todo el mundo cree que su opinión es digna de ser escuchada y lo peor es que nadie es lo suficientemente osado como para dejar de dar la suya.
Ese conjunto de ciudadanos forma entonces parte de algo tan teatral como es el público. Un público desinformado, o no formado, o sobre informado. Alimento mediático a paletadas que acaba provocando ASCO.
ASCO: alteración del estómago causada por la repugnancia que se tiene a algo que incita al vómito